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MAZARRÓN
Mazarrrón está situado al sur de la comunidad murciana,
limitando con los municipios de Cartagena y Fuente Álamo al este, con los de Alhama de Murcia y de Totana al norte, con el de Lorca al oeste y el Mar
Mediterráneo al sur. Posee una superficie de 318,7 km2 y cuenta con una
población que en la actualidad sobrepasa los veintinueve mil habitantes.
Su situación geográfica dentro del arco mediterráneo, y concretamente en el
llamado Golfo de Mazarrón, le han dotado de una serie de características que
han ido conformando su talante, fruto de la diversidad de pueblos y culturas
que se han asentado en su territorio.

Los testimonios más antiguos de ocupación humana en el término municipal
datan del Paleolítico Medio, hallados en las cercanías del dique del faro.
El Paleolítico Superior deja su impronta en las Cuevas de Morote y las
Palomas. En la cueva de Los Tollos, El Palomarica y Hernández Ros,
encontramos restos del Solutrense. El Magdaleniense Superior y un incipiente
Epipaleolítico se encuentra en la Cueva del Algarrobo.
En el Eneolítico, el yacimiento más importante es el Cabezo del Plomo, en
las estribaciones de la Sierra de las Moreras. La cultura del Argar tiene
problados representativos en Ifre, Cerrico Jardín, Las Toscas de María y Las
Víboras.
Muy importantes son los restos arqueológicos procedentes de colonizaciones
fenicias encontrados en la playa de la Isla y en Los Gavilanes, el primer
hallazgo es crucial en la arqueología submarina, pues de él se ha extraído
parte de un barco fenicio y se proyecta la extracción de otro que tienen una
antigüedad de más de 2600 años. Dichos restos sitúan a Mazarrón como punto
de enlace del comercio fenicio en el Mediterráneo entre Ebusus (Ibiza) y
Gadir (Cádiz), a donde vendrían problablemente atraídos por las
explotaciones de plata y plomo existentes en esta zona.
La cercanía de Carthago Nova y la riqueza minera de la comarca de Mazarrón
atraería la colonización romana, que se producirá de forma rápida en la
época tardo-republicana, apareciendo restos arqueológicos de esta época en
la Loma de Sánchez y en el Coto Fortuna. Sin embargo, la verdadera
colonización romana se producirá entre los siglo II y I a. de C.,
encontrándose numerosos restos de ella sobre todo en los entornos mineros de
los cabezos de San Cristóbal y Perules (situados próximos al actual casco),
Coto Fortuna y Pedreras Viejas. Como consecuencia de la actividad minera se
producirá el nacimiento de la industria metalúrgica reflejada en el hallazgo
de hornos y escoriales de fundición, entre los que destaca el de la Loma de
las Herrerías.
Si la minería ue el motor que impulsó la colonización romana durante los
siglos II y I a. de C. y hasta los primeros años del siglo I. d. de C., la
zona de la costa aumentará su importancia gracias a las factorías de
elaboración de “garum”, una especie de salazón de pescado que se exportará
por todo el imperio Romano, y cuyos restos más importantes encontramos en El
Mojón, La Azohía, El Castellar y Puerto de Mazarrón.
No tenemos noticias de las épocas de ocupación visigoda y bizantina, aunque
suponemos que la explotación minera en mayor o menor medida, continuaría,
sin embargo, el estado general de perturbación en la península nos hace
suponer que no es una época brillante para la minería de Mazarrón.
En época musulmana debieron explotarse algunas minas en el Cabezo de San
Cristóbal, pero la belicosidad de este período nos hacen vislumbrar que la
economía del municipio sufriría una paralización.
Conquistado el Reino de Murcia en 1243, Mazarrón, integrado en Lorca y
ocupando una zona de frontera se enfrenta a una etapa de correrías de
moriscos y de incursiones de los musulmanes del reino nazarí. A partir de la
toma de Granada en 1492 comienza la reactivación industrial en todo el Reino
de Murcia. A mitad del siglo XV se descubre “el alumbre”, un sulfato de
alúmina y potasio que se utilizaba para fijar los colores en la industria
textil, la elaboración del vidrio y medicinas, entre otras aplicaciones. El
alumbre, abundante en toda esta zona dio el primer nombre a un grupo de
casas pertenecientes al municipio de Lorca y al que se denominará “Casas de
los Alumbres de Almazarrón”.
En el año 1462 Enrique IV concederá la explotación a Juan Pacheco, Marqués
de Villena, quien a su vez cedió la mitad de sus derechos a Pedro Fajardo,
Adelantado Mayor del Reino de Murcia y titular del marquesado de los Vélez.
Estos organizaron la explotación del alumbre personalmente o mediante
contratos de arrendamiento.
En el año 1572, gracias al auge de la minería del alumbre que trajo consigo
el asentamiento de una población fija en torno al Cabezo de San Cristóbal,
es concedido por Felipe II, el título de villa, constituyéndose así en
municipio independiente de Lorca.
Hacia finales del XVI, comienza la decadencia en la explotación del alumbre
motivada por la competencia de los alumbres italianos, la excesiva
fiscalidad y los conflictos con Flandes e Inglaterra, que dieron lugar a que
se prohibiese la exportación a estos países que eran el principal mercado
del alumbre mazarronero.
Esta época de auge económico deja su impronta en la fisonomía de Mazarrón a
través de edificios como la Iglesia de San Andrés construida bajo el
patronazgo del Marqués de Villena; la Iglesia de San Antonio cuya
construcción se debe al Marqués de los Vélez al igual que el castillo anejo
a la misma, y la iglesia de la Purísima, producto de diferentes etapas,
siendo la más importante la correspondiente al siglo XVIII, tras la cesión a
la misma a los Franciscanos de San Pedro de Alcántara, que fundarán junto a
ella un hospicio y convento.
Una vez decayó la explotación de las minas de alumbre, la almagra y la
minería basada en el plomo y la plata intentaron durante el siglo XVIII y
XIX, paliar la recesión económica. Completaron este panorama las industrias
de la costa como son la almadraba y las salinas, así como el aprovechamiento
de los pastos de los montes, el cultivo de la barrilla y una insuficiente
agricultura de secano.
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